Alfonzo, una red de “prostitución vip” y la protección política y policial

TRATA DE PERSONAS

Alfonzo, una red de “prostitución vip” y la protección política y policial

El Tribunal Oral Federal resaltó en la sentencia que Gustavo Alfonzo “organizaba y dirigía un emprendimiento delictivo dedicado a brindar placer sexual a cambio de dinero”. También destacó el testimonio de la víctima en cuanto a que detrás del publicista había una organización que ofrecía servicios sexuales a “hombres con cierto nivel económico en la sociedad concordiense”. Quiénes formaban parte del esquema de protección de la red de prostitución vip. El fallo.

Juan Cruz Varela
De la Redacción de Página Judicial



Abordar la trata de personas no es solo enfrentarse a un delito. Es algo más que eso. Se trata de analizar la vulneración de los derechos de las mujeres y enfrentarse a verdaderas mafias organizadas que muchas veces crecen bajo el amparo policial y político.

Es lo que quedó al descubierto en el juicio al productor publicitario, autopostulado “periodista” y locutor Gustavo Darío Alfonzo, condenado a diez años de prisión por delito de trata de personas, en la modalidad de captación, recepción y traslado de una menor de edad, con fines de explotación sexual, agravado por el abuso de la situación de vulnerabilidad de la víctima y por haberse consumado la explotación.

La historia comenzó a desentrañarse a partir del 30 de octubre de 2014, cuando la joven de 16 años fue rescatada del departamento que alquilaba Alfonzo, en calle Monseñor Rösch 3523, en Concordia. Allí estaba retenida contra su voluntad, amenazada ella y su familia y obligada a tener relaciones sexuales con hombres por dinero.

La sentencia del Tribunal Oral Federal de Paraná dejó al descubierto que Alfonzo era parte de una red de trata de personas que funcionaba, por lo menos, desde varios meses antes; que personalmente reclutaba mujeres para explotarlas sexualmente y que contaba con la protección de funcionarios públicos con distintos niveles de responsabilidad, agentes estatales, integrantes de fuerzas de seguridad, narcotraficantes y empresarios.

Alfonzo era un “hombre de la noche”, “una especie de relacionista o facilitador” y organizador de eventos. Así lo caracteriza el tribunal. Eso no constituye ningún delito, claro. Salvo que Alfonzo “usaba esa estrategia para conectar su propia organización destinada a la venta de sexo, con sus potenciales clientes, generalmente hombres con cierto nivel económico en la sociedad concordiense que podían pagar importantes sumas para que sus ‘chicas’ brindaran servicios y juegos sexuales a los participantes de un ‘evento’ propiciado, por ejemplo, por una despedida de solteros”.

Lo que había detrás de Alfonzo era una verdadera red de prostitución vip, como la calificó la monja Martha Pelloni, es decir, el publicista “organizaba y dirigía un emprendimiento delictivo dedicado a brindar placer sexual a cambio de dinero”, según el planteo que hizo el tribunal en la sentencia.

El tribunal consideró que “era tal la organización que había logrado que sus ‘empleadas’ actuaran con espíritu de cuerpo y se autodenominaran (como) ‘el grupo de las diez’, haciendo referencia a ser las más eficientes para el ‘servicio’, dentro de un universo de jóvenes que, según se menta, rondaba las treinta”.

Los jueces Roberto López Arango, Lilia Carnero y Noemí Berros destacaron que la “base de operaciones” era la radio FM Concordia Stereo, donde Alfonzo conducía el programa Con la soga al cuello, “donde podía captar a las jóvenes ofreciendo trabajo como modelos publicitarias, para luego incorporarlas al equipo, ofreciéndoles la venta de entradas anticipadas para los boliches con los que estaba conectado”. También señalaron que el publicista “se aprovechaba de la vulnerabilidad evidente de la víctima para captar su voluntad, y luego prostituirla en beneficio propio”, al igual que lo hacía con otras jóvenes que integraban el denominado “grupo de las diez”.

Si bien Alfonzo era quien manejaba las cuestiones logísticas de la organización, pactando con sus clientes el lugar de los encuentros sexuales, los montos, cantidad de chicas, traslados, cobros y demás particularidades, no estaba solo en el negocio.

La novia y su hermana

Aquel 30 de octubre, en el departamento también estaban Yolanda Itatí Zárate, que era novia del publicista e integrante del “grupo de las diez” y trabajaba como enfermera en el Servicio de Ginecología en el Hospital Masvernat; y la hermana de ella, Gisela Lorena Zárate, celadora en un hogar del Copnaf.

Ahora bien, ¿qué hacía allí la empleada del Copnaf? Según declaró la víctima, esta mujer era quien daba las órdenes –junto con Alfonzo– a las chicas y las mandaba a lugares donde luego tenían sexo por dinero bajo condiciones previamente acordadas por el locutor. “En el grupo donde yo estaba somos once chicas (…) En esos grupos siempre hay una cabeza que manda, o dos cabezas que mandan, que son los que mandan a las chicas a trabajar. Era él (Alfonzo) y una chica del Copnaf, que trabaja para el Copnaf. Y cuando me hicieron declarar en la Policía, yo agarré y les dije que esa chica trabajaba para el Copnaf, pero nombres no me acuerdo, porque ellos se hacen pasar por otro nombre”, dijo la joven en la declaración que dio durante la instrucción.

La propia trabajadora del Copnaf admitió que conocía a la víctima de trata desde antes de que fuera rescatada, porque se había presentado en la residencia “Los Gurises”, donde ella era celadora, a raíz de un conflicto familiar.

Gisela Zárate también ensayó una explicación sobre qué hacía en la casa de Alfonzo. Dijo que había llegado unas horas antes acompañando a su hermana Yolanda y se quedó porque ella le había preguntado si quería “ganarse unos pesos planchando”.

También esto será materia de investigación, a partir de los resuelto por el tribunal.

Con nombre y apellido

Las complicidades de Alfonzo tienen otros nombres, apellidos y roles específicos. En el juicio se habló del cabo de policía Matías Miguel Pereyra, alias el Gordo; también se mencionó a Julio Degracia, alias Papucho; los hermanos Luiggi y Gustavo Millar, empresarios madereros de Federación; el bolichero Rubén Trinidad; y el transformista Pablo Carayani. Pero la lista podría ampliarse.

En su declaración en Cámara Gesell, la víctima relató dos episodios puntuales en los cuales fue trasladada, por orden de Alfonzo, a fiestas privadas donde ella y sus compañeras debían mantener relaciones sexuales con hombres; y una tercera ocasión en que la llevaron a un motel. El “servicio”, en todos los casos, era previamente acordado entre Alfonzo y sus “clientes”.

En ese marco es que la víctima mencionó al ministro Mauro Urribarri, al intendente Enrique Cresto y al ex delegado local del Copnaf, Fernando Rouger, como “clientes” de Alfonzo y contó las veces que mantuvo relaciones sexuales con ellos. Este punto habilita, una vez más, el debate sobre la penalización al cliente-prostituyente, pero a la vez interpela a los investigadores sobre el nivel de conocimiento que podrían haber tenido los funcionarios de que estaban no solo ante una mujer en situación de prostitución sino ante una red de trata de personas.

Ahora bien, la organización tenía roles determinados. Se presume que el Gordo Pereyra, ex policía, participaba en las fiestas privadas que organizaba Alfonzo. De hecho, publicó en su cuenta de Facebook fotos con la víctima y con otras “promotoras” en el boliche bailable Costa Cruz, y también se dejó ver en una fiesta en la quinta del empresario Roberto Pietroboni, el 25 de octubre de 2014.

Los informes policiales lo señalan a Pereyra como la persona que trasladaba a las jovencitas a las distintas fiestas sexuales organizadas por Alfonzo, a veces, en su automóvil particular; y también lo ubican entrando y saliendo reiteradamente del departamento del publicista.

En su declaración en el juicio, Pereyra dijo que trabajaba en el sector de logística de la Jefatura Departamental y que su jefe inmediato era el director de Operaciones, Sergio Mendoza, que llegó a ser subjefe departamental.

Alfonzo tenía registrado en la agenda de su teléfono celular a un contacto “Amigo Tato mendoza Jefe de operaciones”. En los días posteriores a que la víctima fuera rescatada, el publicista le envió más de cincuenta mensajes de texto pidiéndole información de la investigación, que se interiorice sobre lo que había pasado en el departamento y que averigüe si su situación estaba comprometida.

Otro sostén de cobertura que se presume tenía la organización sería un integrante de Prefectura Naval Argentina, identificado entre los contactos del teléfono celular de Alfonzo como “Amigo Pato Prefectura”, con quien también tenía un fluido intercambio de mensajes de texto.

En el juicio, Alfonzo admitió haber hablado con ambos: “Mendoza es mi amigo desde hace muchos años. Cuando yo tenía boliches, él hacía seguridad. Es verdad, le escribí a Mendoza, pero para poder salirme de una situación que ya me habían dicho que estaba; y sin comprometerlo. En ninguna declaración nombré a Mendoza ni al otro integrante de la fuerza, porque se portaron bien y uno no puede ser botón, no se puede mandar al frente a la gente”, se explayó. No dijo quién era “el otro integrante de la fuerza”, pero se presume que se refería al contacto agendado como “Amigo Pato Prefectura”.

También en el juicio surgieron otros personajes que desempeñarían roles específicos dentro de la organización. Por ejemplo, se presume que cuando la joven estaba en el departamento era vigilada por Degracia y los hermanos Luiggi y Gustavo Miller.

Degracia es propietario del boliche Casa Vieja y aparece en varias fotos con Alfonzo en su departamento. Hace unos años, enfrentó una causa judicial después de que policías secuestraran un arma y droga en el boliche. La víctima asegura que era “una de las cabezas” del grupo que las hacía “trabajar” y que amenazaba con matarla.

En la sentencia del tribunal también se menciona a “sujetos satelitales” del entorno de Alfonzo, como Roberto Pietroboni y Daniel Badaracco, el primero prestaba su quinta para que se hicieran las fiestas sexuales y el otro fue señalado como una de las personas que trasladaba a las chicas hasta esas reuniones. Ambos estaban citados para declarar en el juicio, pero extrañamente no concurrieron.

Estos elementos habían sido advertidos en su momento por el fiscal Marcelo Colombo, titular de la Procuraduría de Trata y Explotación de Personas (Protex), a través de un escrito en el que planteaba la necesidad de profundizar la investigación. Del mismo modo lo hicieron después los fiscales Ricardo Álvarez y José Ignacio Candioti; y ahora lo ratifica el tribunal oral, en la sentencia de condena a Alfonzo.