Dos policías federales delataban a sus compañeros ante un jefe narco

NARCOTRÁFICO

Dos policías federales delataban a sus compañeros ante un jefe narco

Las escuchas telefónicas y el testimonio de un compañero de trabajo dejaron en situación complicada a los policías federales José María Gómez y Sergio García, acusados de integrar una asociación ilícita dedicada a la venta de cocaína y marihuana en Concordia, Colón y Concepción del Uruguay. También quedó más comprometido el gendarme Carlos Acosta, otro de los acusados de brindar datos a los jefes de la banda narco.

paginajudicial.com

Juan Cruz Varela


Dos policías federales quedaron seriamente comprometidos en el juicio que los tiene como acusados de brindar protección a una banda que vendía cocaína y marihuana en distintas localidades entrerrianas y, además, exportaba a la República Oriental del Uruguay.

Son impactantes las conversaciones telefónicas en las que los sargentos José María Gómez y Sergio Andrés García no solo le advierten a Mario Roberto González, el jefe de la banda, sobre la marcha de investigaciones en las que está involucrado, sino que además delatan a aquellos compañeros que están detrás de la pista del narcotraficante que por esos días estaba prófugo, le cuentan en qué vehículos se mueven los investigadores y hasta le sugieren balear a sus compañeros de trabajo.

–Escuchame –le dice Gómez en una conversación que mantiene con González–, ahí Barraza quiere que te capturen, pidió que sí o sí te capturen –le dijo el policía federal al narcotraficante prófugo, refiriéndose a José María Barraza, secretario penal del Juzgado Federal de Concepción del Uruguay.
–Aja –reacciona González.
–No sé quién, si alguien cercano tuyo o algún vecino, avisó que te vieron llegar. El tema es que no te pueden agarrar hasta que la Fiscalía pida una orden de allanamiento.
–Así que hay un vecino que avisa… –le plantea el narcotraficante.
–Alguien avisa, no sé si un vecino o alguien cercano tuyo; cuando vos llegás, les avisan. Manejalo con pinzas porque me tiraron esa para ver si entraba y te avisaba… Estaban esperando que salieras y cuando salieras te iban a agarrar –le cuenta Gómez.
–Sí, capaz que iba a salir, pelotudo voy a ser. Ahora ando lejos, pero voy a abrir el paraguas cuando vaya.
–Sí, porque van a seguir yendo. Decile ahí a tu gente que preste atención al Renault 12 del Nico y al Gol Trend rojo del Cheo –le advierte Gómez aludiendo a los vehículos de Nicolás Costa y Antonio Ruiz Díaz, los dos policías que estaban tras la pista.
–La madre del Cheo, ¿dónde trabaja? –contraataca González.
–No tiene.
–Ah, no tiene madre… ¿Y pedirán una orden de allanamiento? –pregunta entonces el narcotraficante.
–No creo. Barraza les preguntó si te habían fotografiado y le dijeron que no. Por ahí si te llegan a fotografiar y ven que estás en la casa, pueden llegar a librar la orden de allanamiento –le explica Gómez.

García es más verborrágico en las conversaciones que mantiene con González.

–Escuchá lo que dijo: “Cuando lo saquemos, lo voy a agarrar a cachetadas al Gordo” –le cuenta González sobre algo que le contó Gómez que habría dicho uno de los policías que lo buscaba.
–Es que vos sos un dolor de huevos; ellos se quedaron con la vena con vos porque no pudieron arreglar –responde García.
–El Negro José Maria (Gómez) le dijo: “¿Vos estás seguro de que lo vas a agarrar a cachetadas al Gordo? Tené cuidado… vos lo estás buscando y te va a encontrar él a vos”.
–Pero sí, es un gil el pendejo ese. Estos muchachitos, cuando se vaya el sorete que tenemos arriba, los que van a pedir son ellos… son demás traidores –se queja García refiriéndose ya no solo a los policías que buscaban al narcotraficante prófugo sino también al entonces jefe de la Subdelegación Concordia.
–¿Sabés lo que voy a hacer? Lo voy a llamar al celular y le voy a decir: “Che, querido, ¿vos me estás buscando a mí? Vos querés empezar la guerra, ya la vas a tener conmigo…”.

Después vuelven a hablar de sus compañeros de trabajo y García directamente le sugiere a González “que los caguen bien a corchazos” en una pierna o “en la panza” o “meterle fruta” a los policías que lo buscaban.

Policías indiscretos

Nicolás Costa, uno de los policías federales que buscaba al narcotraficante, escuchó “anonadado” las escuchas telefónicas que ofrecían los fiscales José Ignacio Candioti y Leandro Ardoy.

En su declaración ante el Tribunal Oral Federal explicó que “se sabía que había un pedido de captura” vigente contra el Gordo González, pero que en la Subdelegación Concordia de la Policía Federal no había ni siquiera una foto del prófugo, por lo que “siempre se hacían consultas a la gente más antigua para ver qué datos podían aportar para su captura”. Pero destacó que García y Gómez, “nunca sabían nada, siempre decían que no se acordaban”.

En otro tramo de su declaración, Costa contó que el dato de que González estaba en Concordia se lo aportó a Ruiz Díaz un informante a quien identificó como “Maxi” y el policía lo comentó en una reunión reservada en la Subdelegación, de la que también participó García. Fue inexplicable para ellos en ese momento que dos horas después, el informante llamara angustiado a Ruiz Díaz para contarle que había sido amenazado por allegados al narcotraficante prófugo que le dijeron que matarían a su familia y le quemarían la casa por haberle aportado datos a la Policía, y “a partir de ese momento se cortaron los datos sobre González”, explicó Costa.

Eran desarmaderos, no droga

También el sargento ayudante de Gendarmería Carlos Francisco Acosta quedó comprometido en la jornada de este miércoles, luego de que su jefe quien era su jefe en ese momento, Gabriel Callejas, y dos subordinados reconocieran su voz en las conversaciones telefónicas con el narcotraficante Mario Roberto González.

Se trata de una secuencia de conversaciones entre el 15 y el 17 de abril de 2015.

–Cumpa, mañana hay un golpe, pero no sé los detalles… –le advierte Acosta a González.
–¿Pero de quién? –se interesa el narcotraficante.
–Por eso te digo, no sé. Esta tarde hay una reunión, no sé de quién puta, ni cómo, ni nada. Sé que es por la ley. Así que… por las dudas… hasta que tenga los detalles.
–¿Vos cualquier cosa me pegas un chiflido? –le insiste González después.
–Y, más vale boludo, ni hablar… Es para que estés alertado.
–¿No sabés a qué hora?
–No, hasta mañana a la mañana no.

Después de recibir el alerta, González llamó a su madre, a su hermana y a su socio, Javier Alejandro Caire, para que saquen de sus casas todo elemento que pudiera vincularlos con la venta de drogas al menudeo, ante la inminencia de los allanamientos señalados por su informante de la Gendarmería.

Sin embargo, al día siguiente no hubo procedimientos por infracciones a la ley que penaliza la tenencia y tráfico de drogas, como pensaba Acosta, sino en desarmaderos, donde se secuestraron autopartes y otras piezas del automotor.

González y Acosta volvieron a hablar el 17 de abril, luego de que todo haya pasado, para comentar los entretelones de los allanamientos.

Uno que quedó bien parado

Uno que salió bien parado en la audiencia de este miércoles fue el comisario inspector Mario Alberto Núñez, de la Policía de Entre Ríos, sobre todo por el testimonio del ex jefe de la Dirección de Toxicología, Fernando Alsina.

Núñez está acusado de brindar información y protección a los cabecillas, a cambio de dinero. A través de escuchas telefónicas, se determinó que González tenía un contacto fluido con el comisario inspector y también hay conversaciones entre Mario González y Jvier Caire hablando de Núñez como “el amigo Mario”, “el amigo de Paraná” o “el del Aveo blanco”, en referencia al automóvil en que supuestamente se movilizaba.

En su declaración ante el tribunal oral, Alsina respaldó la coartada de Núñez en cuanto a que el acusado no se movilizaba en un Chevrolet Aveo, como lo mencionan en las escuchas, tal como lo había dicho Núñez en su indagatoria, la semana anterior.

Alsina también mencionó un “problema particular” que había entre Núñez y el subdirector, José Lauman, e incluso mencionó que en una oportunidad éste último le dijo que no quería al otro en la Dirección de Toxicología y otra vez le planteó una insubordinación de Núñez por negarse a darle las novedades de un procedimiento.

Lauman, hoy subjefe de la Policía de Entre Ríos, está citado a declarar como testigo para la semana próxima.

Fuente: Página Judicial y El Diario.