Murió Díaz Bessone, el arquitecto de la máquina de matar de la dictadura

DERECHOS HUMANOS

Murió Díaz Bessone, el arquitecto de la máquina de matar de la dictadura

El represor fue jefe del Segundo Cuerpo de Ejército, ministro y uno de los referentes del ala dura del autodenominado Proceso de Reorganización Nacional. Fue el responsable de siete desapariciones que se produjeron en Entre Ríos, pero no llegó a ser juzgado porque a días del inicio del juicio sufrió un accidente cerebro vascular y los médicos determinaron que no estaba en condiciones psíquicas de comprender las acusaciones y defenderse de ellas.

paginajudicial.com

Juan Cruz Varela
De la Redacción de Página Judicial



El represor Ramón Genaro Díaz Bessone murió a los 91 años.

La historia dirá que murió condenado. Sí. Pero en Entre Ríos quedó la amargura de lo que no fue. La desilusión de lo injusto.

Ramón Genaro Díaz Bessone es uno de los militares de más alta jerarquía entre quienes tuvieron responsabilidad en el área militar que ocupaban las provincias de Entre Ríos, Santa Fe, Corrientes, Misiones, Chaco y Formosa. Fue comandante del Segundo Cuerpo de Ejército, ostentó el cargo de ministro, escribió libros y artículos con reflexiones teóricas sobre el funcionamiento de la máquina de matar de la dictadura.

Fue, probablemente uno de los principales “teóricos” del autodenominado Proceso de Reorganización Nacional y, al mismo tiempo “el dueño de la vida y de la muerte, de bienes y haciendas de miles de personas”, como lo definió el abogado Marcelo Baridón.

Díaz Bessone había sido indultado en 1989 por el presidente Carlos Menem, pero en 2005 ese perdón fue declarado inconstitucional, fue procesado por delitos de lesa humanidad y el 26 de marzo de 2012 terminó condenado a prisión perpetua por los delitos de homicidio calificado por alevosía, privación ilegítima de la libertad y tormentos contra 91 víctimas en el Servicio de Informaciones (SI), el mayor centro clandestino de detención de Rosario.

Nueve días después, el 4 de abril, el Tribunal Oral Federal de Paraná dispuso la suspensión del proceso en su contra y su apartamiento del juicio recién empezado que lo tenía como acusado por crímenes de lesa humanidad cometidos en la zona de Concordia, Gualeguaychú y Concepción del Uruguay, por considerar que “no posee aptitud para afrontar en plenario una intervención activa y efectiva en ejercicio del derecho de defensa”. Estaba ido, miraba al vacío, no respondía preguntas, no podía caminar y mucho menos defenderse.

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Esta decisión repercutió también en la denominada mecagausa Área Paraná, donde estaba acusado por 44 hechos de privación ilegítima de libertad; 5 casos de aplicación de severidades, vejaciones y apremios ilegales; otros 37 tormentos agravados; 3 desapariciones forzadas de personas; y un homicidio.

De casa al ministerio

Díaz Bessone había nacido en la ciudad mendocina de San Rafael, el 27 de octubre de 1925. Con 18 años ingresó al Colegio Militar y egresó como oficial del Grupo de Artillería. Durante la dictadura de Juan Carlos Onganía cumplió funciones en la Secretaría de Seguridad, dedicada a la planificación estatal; asumido Alejandro Agustín Lanusse, fue designado en la Secretaría de Estado de Planeamiento y Acción de Gobierno; e interventor federal en Mendoza entre marzo y mayo de 1973.

Fue, además, creador de la Fundación Argentina Año 2000, integrada por un equipo multidisciplinario de civiles y oficiales retirados dedicado a la prospectiva, que en 1974 editó el Proyecto Nacional Argentina Año 2000, varios de cuyos integrantes acompañarían a Díaz Bessone cuando se desempeñó como ministro de Planeamiento de Jorge Rafael Videla, entre octubre de 1976 y diciembre de 1977.

En el complejo juego de alianzas y oposiciones que atravesó a los altos mandos del autodenominado Proceso de Reorganización Nacional, Díaz Bessone era referente de la considerada línea dura en lo político y de tendencia estatista en lo económico. En ese marco fue el artífice de un delirante proyecto para perpetuar el régimen militar. Pero esa disputa interna terminó por eyectarlo del cargo el último día de diciembre de 1977, y unos meses después pidió el pase a retiro del servicio activo.

Desde entonces fue procesado, indultado, vuelto a procesar y condenado. Presidió el Círculo Militar, desde donde publicó su libro apologético de la dictadura llamado Guerra Revolucionaria en la Argentina 1959-1978 y en 1998 no tardó en expulsar al jefe del Ejército, Martín Balza, cuando hizo la autocrítica sobre lo sucedido en la dictadura.

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Arquitecto de la máquina del terror

Díaz Bessone fue comandante del Segundo Cuerpo de Ejército y jefe de la Zona de Defensa 2 entre el 3 de septiembre de 1975 y el 29 de diciembre de 1976. Fue el arquitecto del plan sistemático de exterminio y bajo su dominio se produjo la mayoría de los secuestros, torturas y asesinatos en Entre Ríos.

En su asunción estuvieron presentes el jefe del ejército, Jorge Rafael Videla, y el gobernador por Santa Fe, Carlos Sylvestre Begnis, entre otros. En ese acto afirmó: “Desde este momento me constituyo en el único responsable de las acciones de esta gran unidad de batalla; recalco bien, de las acciones, porque el Segundo Cuerpo de Ejército no tendrá omisiones. Cumplirá su misión. Esta responsabilidad no será jamás delegada ni compartida”. Dijo también que “los cuerpos extraños serán expulsados por dura que deba ser la cirugía. No permitiremos que los extraviados puedan escribir la historia de la desintegración nacional. En ello va nuestro honor y el honor del Ejército”.

En ese período que desaparecieron Claudio Marcelo Fink, Victorio Coco Erbetta, Juan Alberto Osuna y Carlos Fernández, en Paraná; Oscar Dezorzi y Norma Beatriz González, en Gualeguaychú; y Sixto Francisco Zalasar, en Concordia. Eran “cuerpos extraños”.

Los detenidos ilegalmente fueron sometidos a torturas y ejecutados en forma clandestina. Díaz Bessone comandó esos crímenes y durante años gozó de la impunidad del Estado.

Una apología del horror

En el año 2003, la periodista francesa Marie-Monique Robin entrevistó a Díaz Bessone para el telefilm Escuadrones de la muerte. La Escuela Francesa. Allí el represor admitió las torturas como forma de extraer información a los detenidos y dijo que la cifra de 30 mil desaparecidos es “propaganda”, pero reconoció que 7 mil personas fueron ejecutadas por la dictadura militar.

“¿Cómo puede sacar información (a un detenido) si usted no lo aprieta, si usted no tortura?”, preguntó Díaz Bessone en ese reportaje. “¿Usted cree que hubiéramos podido fusilar 7 mil? Al fusilar tres nomás, mire el lío que el Papa le armó a (Francisco) Franco. Se nos viene el mundo encima. Usted no puede fusilar 7 mil personas”, acotó. “¿Y si los metíamos en la cárcel, qué? Ya pasó acá. Venía un gobierno constitucional y los ponía en libertad. Porque esta es una guerra interna. No es el enemigo que quedó del otro lado de la frontera. Salían otra vez a tomar las armas, otra vez a matar”, se explayó.

En octubre de 2010, cuando declaró por primera vez en el juicio que terminó con su condena en Rosario, Díaz Bessone fue más allá en su decálogo reivindicatorio del terrorismo de Estado: “Yo di la orden de aniquilar al enemigo en ámbito del Segundo Cuerpo de Ejército” y enseguida clarificó el concepto: “Aniquilar significa destruir, exterminar, reducir a la nada, matar, asesinar al oponente”.

En una ampliación de aquella declaración, en julio de 2011, volvió a explayarse al afirmar que “en una guerra no se secuestra, ni se priva ilegítimamente de la libertad, se toma al enemigo prisionero; en una guerra no se comete homicidio contra el enemigo, se mata en combate”.