Un policía explicitó la interna que había en la Dirección de Toxicología

NARCOTRÁFICO

Un policía explicitó la interna que había en la Dirección de Toxicología

Un oficial de la Policía de Entre Ríos puso en una situación incómoda al comisario inspector Mario Alberto Núñez, acusado de brindar protección a los jefes de una banda narco que operaba en distintas localidades entrerrianas. También dejó entrever que el jefe policial habría frustrado una investigación por la venta de drogas en el barrio Villa Mabel de Paraná. Sin embargo, su declaración tuvo algunas contradicciones.

Juan Cruz Varela


Un integrante de la Dirección de Toxicología de la Policía de Entre Ríos complicó al comisario inspector Mario Alberto Núñez, acusado de integrar una asociación ilícita para la venta de drogas en distintas localidades entrerrianas, aunque también hizo referencia a una interna dentro de la delegación.

El policía Edgardo José Martínez mencionó en varias ocasiones que Núñez utilizaba un Chevrolet Aveo blanco que había en la delegación, dijo haberlo visto a bordo de ese automóvil y también planteó sospechas sobre el desempeño de Núñez a partir de que se frustrara una investigación en Paraná.

Por primera vez en lo que va del juicio un policía ubicó a Núñez a bordo de un Chevrolet Aveo:
–Yo lo vi. Si dejaron constancia de eso en los libros de guardia, no lo sé –dijo en un momento de su declaración, ante la insistencia de las preguntas y repreguntas del fiscal y los defensores.

El dato es relevante porque el líder de la organización, Mario Roberto González, uno de jefe del narcotráfico en la provincia, se jactaba de tener contacto y gozar de la protección de alguien a quien se refería como “el amigo Mario”, “el amigo de Paraná” o “el del Aveo blanco”, según surge de las escuchas telefónicas que se le hicieron a los integrantes de la banda.

En su indagatoria Núñez negó esta circunstancia, aseguró que nunca manejó un Chevrolet Aveo de color blanco y presentó como prueba el sumario administrativo que le hizo la División Asuntos Internos de la Policía, tras su detención, donde consta que en la Dirección de Toxicología había dos automóviles de esas características que eran utilizados por Fernando Alsina y José Lauman, director y subdirector de Toxicología, respectivamente, y que él se conducía en otros vehículos.

La sospecha con el diario del lunes

En otro tramo de su declaración, Martínez señaló que el comisario Núñez “salía con el chofer y nunca traía resultados” y cuando le pidieron que describiera esa circunstancia dijo que “se iba de viáticos al interior y nunca traía resultados”. De todas maneras, aclaró que la salida de vehículos debía quedar asentada en los libros de guardia, aunque no necesariamente quede constancia de los detalles de cada salida, sobre todo cuando se trataba de tareas de inteligencia.

También dijo que Núñez “se hacía llevar por un chofer a su casa”, desde Paraná a Concordia, aunque acosado por las preguntas y repreguntas terminó admitiendo que “eran comentarios” que corrían dentro de la Dirección de Toxicología.

No obstante, reconoció que tras la detención del jefe policial pudo atar cabos respecto de sospechas que tenía por la frustración de algún operativo.

Concretamente, se refirió a un procedimiento realizado en el año 2014 en la casa de Claudia Bernal, en el barrio Villa Mabel de Paraná. La Policía de Entre Ríos llevaba un año investigándola por sus negocios relacionados con el narcotráfico y todo se frustró porque un policía allegado a Núñez –a instancias de éste, según dijo Martínez– aportó el dato de que la banda que regenteaba la mujer recibiría un camión cargado con marihuana. Eso apresuró el allanamiento en su vivienda, pero cuando llegaron los policías “la casa estaba limpia y la investigación se vino abajo”, apuntó Martínez. “Fue un fracaso después de una investigación tan grande”, se lamentó el policía.

En ese operativo, apenas se incautó una pequeña cantidad de cocaína que fue hallada en un árbol en la casa de un vecino.

Hace algunas semanas, Claudia Bernal y varios integrantes de su familia fueron condenados por delitos de narcotráfico y lavado de dinero, pero a instancias de una investigación realizada por la Policía Federal.

La interna policial

A lo largo de la extensa declaración, el policía Martínez también abonó la tesis de la “interna” policial, a la que ya había aludido el propio Núñez en su indagatoria:
–Había una interna entre Núñez y Lauman –dijo Martínez sin ambages–. Desconozco los motivos; supongo que sería porque cada uno tenía formas distintas de trabajar.

En la identificación de los grupos en pugna, Alsina y Núñez eran un bloque; y del otro lado estaba Lauman. “Esa interna nos afectaba a todos”, terminó admitiendo Martínez y lo graficó explicando que hubo oficiales que se vieron privados de recibir un ascenso por esa disputa.

De todas maneras, el policía intentó escapar de esa situación y señaló que “a Núñez no le gustaba trabajar con los oficiales, entonces los mandó a todos a la División Inteligencia y se quedó con los suboficiales”.

El punto está lejos de haberse cerrado. Para semana próxima está prevista la declaración de Lauman, quien seguramente aportará nuevos elementos.

Caire, el otro jefe

En la audiencia de este martes declararon también los policías y testigos civiles que participaron del allanamiento en la casa de Javier Alejandro Caire, uno de los jefes de la asociación ilícita dedicada a la venta de cocaína y marihuana.

En el organigrama, Caire y el Gordo González fungían como organizadores, es decir, detentaban el liderazgo operativo de la banda, aportaban la infraestructura, medios económicos, logística (respecto del comercio, traslado y distribución de la droga) y asignaban funciones al resto de la organización, la mayoría de ellos, familiares. Eran socios en partes iguales en la venta de drogas al menudeo; compraban la cocaína a un proveedor de nacionalidad boliviana en la Ciudad de Buenos Aires a quien le pagaban en dólares; la enviaban mayormente en encomiendas a distintas localidades entrerrianas y luego sus subalternos la distribuían entre quienes comercializaban al menudeo. En la distribución del territorio que se habían dado, González manejaba el negocio en Concordia y Caire lo hacía en Colón y Concepción del Uruguay.

Caire fue detenido el 14 de mayo de 2015, dos días después de que cayera la mayor parte de la banda, en su vivienda ubicada en el barrio La Escondida de Concepción del Uruguay, una especie de cabaña alejada del centro de la ciudad.

Antes, en un primer allanamiento, la Policía había secuestrado “una gran cantidad de dinero escondido en una campana extractora de la cocina”, según refirió el policía Martín Colman, que encabezó ese procedimiento.

En aquel primer procedimiento se había encontrado también un documento de identidad a nombre de Pablo Alejandro Almada pero con una foto de Caire, y una fotocopia del documento verdadero. “Cuando vimos eso, pensamos que algo no coincidía: o la fotocopia estaba mal o el DNI era falso; y la señora (Nadia Soledad Maidana) explicó que la persona de la foto era su marido, Javier Caire”, señaló el policía.

El policía Martín Colman, que participó de ese allanamiento, destacó que la cabaña “no tenía lujos extravagantes”, aunque les llamó la atención a los policías que hubiera “una camioneta, uno o dos automóviles y una lancha”.

Fuente: El Diario.